
He fulminado tres o cuatro. De los malos. En un videojuego donde había buenos y malos.
Aquí no es tan fácil. Me tengo que pensar muchas variables: velocidad del viento, penas legales, si es realmente bueno o malo, qué arma utilizar. Son muchas cosas. Así que me aburro y mato moscas.
Ya nadie me cree cuando digo: se acabó. Pero yo sé que: se acabó. Y en realidad: estoy feliz. Como nueva. Planchada, fresquita, recién salida de la secadora. Ya no quiero más. Mi mano dentro del horno causa unas quemaduras químicas horribles. Meterse en líos y evitar meterse en líos acaba siendo igual de complicado. No evites mis ojos. Ya no buscan nada. están: vacíos. Y sonriendo. Con toda la fuerza que puedo sonreir. Sonrisas fantasmas. Sonrisas tranquilas. Sonrisas enajenadas. Pero sonrisas.
No te veo cuando te miro. Me miras raro cuando me ves. Yo no quiero esto. Ni eso ni ninguna otra cosa. Quiero Paz. Paz Santa. Paz de la buena. De la que te venden en la iglesia. Paz y amor al prójimo en rayitas finitas o en pastillas masticables. Me caes bien nena, no me mires con ese sombrero. Bailemos rock and roll y otras muchas cosas. Vivamos la vida sin preocupaciones, en un porsche miniatura de esos rojos con los que todos los niños juegan de pequeños.
Me gusta cuando la gente me mira a la cara. Y yo veo una cara que me mira. Frente a frente. Cómo te miran los peces desde el otro lado del cristal: sin miedo, inocentes, y sumergidos.
Me gusta cuando puedo llamar a alguien para contarle que he comido lentejas, sin nada más que decir.
1 comentario:
yo quiero ser la persona a la que le llemas para contarle que te has comido unas lentejas
y ya está
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