Todo es incoloro ahora. Indoloro después.
He estado todo el día temblando. Cómo una máquina de refrescos que se está congelando por dentro, incertidumbres de bebidas gaseosas. Y lo peor: que no sé por qué.
O a lo mejor no quiero imaginarlo.
He estado todo el rato con mi mano derecha en la izquierda, mi corazón en la tripa, y la mente en las rodillas.
No sirvo para servirme fría. No valgo para besos canapé, ¿quiere uno señorita?.
No valgo para casi nada. Y aún asi algo tendré que hacer.
Tengo ese olor de colonia metido en. Y también en. Otra vez. Cómo aquella vez que.
Todo es incoloro ahora. Indoloro después.
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